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bajo-treintaUna sospecha, un fiscal sagaz y varias atenuantes avalaban la noche a las puertas de Tipos Infames. Se presentaba Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española (Salto de Página, 2013).

El crimen se había cometido por un sistema corrupto. Globalización y moralinas aparte, canalizar la situación de un país literario sin banquillo, parece tarea, cuando menos, de ojeadores galácticos.

Sospecha Juan Gómez Bárcena (Santander, bajo30) del concepto “joven”, cuando yo creo que los corruptos asesinos realmente se cargaron el talento, al parecer a base de esterilizaciones descontroladas de terreno fértil.

Huyó, el talento que sobrevivió, allá donde la corrupción se enmascara de caciquismos y narcotráficos de por vida, y se alimentó de magistrales clases de violín, donde los poetas no dudan ni de los premios. Fuga precoz. Y de regreso a una España indignada y ruidosa sin alardes de hombre anuncio, aparece el talento huidizo con un cartel de “Sí. ¡Hay relevo!”. Pero ¿dónde? ¿A qué precio? ¿Cómo me libraré de las corruptelas?

Y entonces la estrategia llega de la mano de la editorial Salto de Página. Abogan, de la mano, Gómez Bárcena y los editores, por justificar que son, están y valen. Son porque estudian, aprovechando las oportunidades y están porque levantan polvo de literatura incinerada. Afinan el violín con buenos maestros de taller. No son niños prodigio, son menores de treinta años.

Y así llega Bajo 30. En medio de una desbandada digital, se presentan catorce autores, representativos porque lo valen. No adelanto currículum porque así lector te armas de valor y cuando adquieras la antología (precio anticrisis de 11,90 €) haces por leer calidad, que falta te hace.

Toma la palabra un editor bajito, de fino olfato goleador. Y sin demasiados alardes, al más puro estilo Cyrano de Bergerac, con micrófono por espada, abre la audiencia ambientada de frescura y vino. Pone el dedo en la llaga (necesitamos savia nueva) y comienza la presentación.

Cazar talentos, atenuar la defensa de una juventud, sin aludir nada más que al coeficiente intelectual, es una encomiada tarea que necesitaba algo más: hablar del breve ensayo que lleva por prólogo es hablar de una continuación de la portada (sugerencia del corrupto asesino en serie que deja unas deportivas como falsos indicios al fiscal), sobre todo, porque el título me parece anodino, por no parafrasear a Gómez Bárcena, que espada en mano lo llamó “arbitrario”.

No me parece descabellada la idea pero si el concepto sospechado. Fueron los padres de la democracia quienes parieron libertades y derechos. Y aquel parto vino con una rancia memoria histórica bajo el brazo, savia bruta en la que aún arraigan los consagrados del siglo XXI.

Los hijos de la transición, tras un prólogo acusador cargado de atenuantes, quedan dispuestos ante el jurado popular. Todo dispuesto para que salten al campo de batalla, con la banda calentada, el estilo propio y una pluma divorciada de la hoja en blanco, las catorce voces en legítima defensa de su joven talento son acusadas.

Guillermo Aguirre (Bilbao, bajo30) acusado de obtener el XV Premio Lengua de Trapo de Novela, participa con un fragmento de su segunda novela, Leonardo (Lengua de Trapo, 2013); Víctor Balcells Matas (Barcelona, bajo30) acusado de publicar dos novelas, una de las cuales “Yo mataré monstruos por ti” (Delirio, 2010) ya está siendo traducida a otros idiomas; Matías Candeira (Madrid, bajo30) acusado de publicar tres obras, participa en la antología con el relato “En la antesala” de su libro Todo irá bien (Salto de Página, 2013); Irene Cuevas (Ciudad, bajo30) acusada ganar el XI Concurso de Cartas de amor “Antonio Villalba”, su relato “Los hombres que miran” es un texto inédito; Cristian Crusat (Ibiza, bajo30) acusado de galardones como el Premio Internacional de Cuentos Manuel Llano 2010, su cuento “Piedras” está incluido en su libro “Tranquilos en tiempo de guerra” (Pre-Textos, 2010); Aixa de la Cruz (Ciudad, bajo30) acusada de alcanzar la final del Premio Euskadi de Literatura, la final de Madrid Sur y la del Margarita Xirgú, su relato “Romperse” fue publicado en la Revista Eñe; Jenn Díaz (Barcelona, 1988) acusada de escribir “Belfondo” (Principal de los Libros, 2011), catalogada por la crítica como una las mejores novelas del año, su texto “La viuda” es un capítulo de su novela Belfondo; María Folguera (Madrid, bajo30) acusada de escribir teatro y alcanzar el Premio Arte Joven de Novela 2001 (Visor, 2012) con su obra “Sin juicio”, aporta a la antología su relato “Verlaine hijo”, Premio Caja Madrid de Narrativa 2011; Julio Fuertes Tarín (Valencia, bajo30) acusado obtener el Premio Jóvenes Talentos Booket en 2009, con su relato “Una deslumbrante muestra de esplendor heterogéneo” seleccionado para la antología; Marta González Luque (Santander, bajo30) acusada de obtener el Premio José Hierro de Relato del Ayuntamiento de Santander (2008) con “Vietnam”, recogido en esta sospechosa antología de nueva narrativa española; Cristina Morales (Granada, bajo30) acusada de llegar a la final en el X Premio Booket de Relato Corto, comparece con un capítulo (“Yo no iba a venir”) de su novela Los combatientes (Caballo de Troya, 2013) Premio INJUVE de Narrativa 2012; Aloma Rodríguez (Zaragoza, bajo30) acusado de haber publicado tres libros con editorial Xordica, su relato “Delfines” pertenece a su libro Jóvenes y guapos (Xordica, 2010); Almudena Sánchez (Mallorca, bajo30) acusada de ser finalista en del concurso de Relatos en Cadena (Cadena Ser/Escuela de Escritores) y de ganar el I Premio de Cuentos Tres Rosas Amarillas con la antología “Relatos05” de la cual aporta para este compendio de acusaciones el relato “Cualquier cosa viva”; Juan Soto Ivars (Águilas, bajo30) acusado de ganar el Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla 2013, aporta el prólogo de su novela “El futuro no os recordará”.

Los sospechosos tienen un estúpido plan, que dará mucho que hablar. Caerán torres de libros acumuladas por editores ancestrales y por fin podremos presumir de lo que se hace en nuestro país. Lejos de conjeturas, como hacen fuera de España, serán ellos los traducidos; las referencias nacionales. Sin que tengan que huir generaciones de talento literario venideras, sin avergonzarnos de agujeros en los bolsillos, por donde perdimos lo mejor. Los catorce son representativos de una generación, de una larga fila de indios en la cima de una colina que pueden cambiar el futuro para que esto no se convierta en la reserva de unos cuantos. Ellos con sus obras nos embaucarán, sin tener que maldecir a la industria, gracias a su conspiración con el coraje. Todo un ejemplo. Ejemplo que este país de sabiondos lectores, editores latifundistas y permisivos fiscales necesita para que la sospecha se levante.

Fermín Caballero Bojart

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