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Enredando en mis estanterías (me encanta), me reencuentro con Antología Poética de F. García Lorca, publicada y editada por Anaquel (edición de Pedro Provencio), que por entonces (1991) pertenecía a la editorial Bruño. Tantos años después saboreo con nostalgia algunas de sus páginas, cuando de repente en la 139 y 140 me encuentro con esto:

“ (…) Estos días he tenido el gusto de ver… (o el disgusto)… la catástrofe de la Bolsa de New York. Claro que la Bolsa de New York es la Bolsa del mundo y esta catástrofe no ha significado nada económicamente, pero ha sido espantosa. Se han perdido ¡12 billones de dólares! El espectáculo de Wall Street, del que ya os he hablado y donde están las centrales de todos los bancos del mundo, era inenarrable. Yo estuve más de siete horas entre la muchedumbre en los momentos del gran pánico financiero. No me podía retirar de allí. Los hombres gritaban y discutían como fieras y las mujeres lloraban en todas partes; algunos grupos de judíos daban grandes gritos y lamentaciones por las escaleras y las esquinas. Esta era la ente que se quedaba en la miseria de la noche a la mañana. Los botones de la Bolsa y los bancos tan intensamente llevando y trayendo encargos, que muchos de ellos estaban tirados en los pasillos sin que fuese posible despertarlos o ponerlos en pie. Las calles o mejor dicho los  terribles desfiladeros de rascacielos, estaban en un desorden y en un histerismo que solamente viéndolo se podía comprender el sufrimiento y la angustia de la muchedumbre. ¡Y claro!, cuanto más pánico había, más bajaban las acciones, y hubo un momento en el que ya tuvo que intervenir el gobierno y los grandes banqueros para luchar por la serenidad y el buen sentido. En medio de la gente y los gritos y el histerismo insoportable, me encontré una amiga mía que me saludó llorando porque había perdido toda su fortuna, que eran 50mil dólares. Yo la consolé y otros amigos. Así por todas partes. Gentes desmayadas, bocinas, timbres de teléfono. Son 12 billones de dólares lo que se ha perdido en la jugada. Se ve y no se cree.

Cuando salí de aquél infierno en plena Sexta Avenida encontré interrumpida la circulación. Era que del 16 piso del Hotel Astor se había arrojado un banquero a las losas de la calle. Yo llegué en el preciso momento en que levantaban al muerto. Era un hombre de cabello rojo, muy alto. Solo recuerdo las dos manazas que tenía como enharinadas sobre el suelo gris de cemento. Este espectáculo me dio una visión nueva de esta civilización, y lo encontré muy natural. No quiero decir que me gustara, pero sí que lo observé con gran sangre fría y que me alegró mucho de haberlo presenciado. Desde luego era una cosa tan emocionante como puede ser un naufragio, y con una ausencia total de cristianismo. Yo pensaba con lástima en toda esa gente con el espíritu cerrado a todas las cosas, expuestos a las terribles presiones y refinamiento frío de los cálculso de dos o tres banqueros dueños del mundo.

[Christoper MAURIER: “Federico García Lorca escribe a su familia desde Nueva York y La Habana (1929-1930)”, en Poesía, revista ilustrada de información poética, núm. 23-24, Ministerio de Cultura, Madrid 1985, págs. 81-82.]

Se trata de una amplio fragmento de una carta escrita por el poeta escrita desde N. York a su familia. No se conoce la fecha exacta, pero se sabe que fue escrita en la primera semana de noviembre de 1929.”

Fermín Caballero Bojart

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