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La compañía de ópera Diente de León ha estrenado, el pasado 6 de junio, su primera obra con el título “Sentimientos Atrapados”.

El proyecto es fruto del trabajo desarrollado a lo largo de todo el curso escolar 2012/13. En él se han implicado muchas personas, pero principalmente los niños y niñas de cuarto A del CEIP Joaquín Costa de Madrid. Sin ellos no hubiera sido posible el éxito de su representación.

Enmarcadas dentro del proyecto LÓVA (la ópera, un vehículo de aprendizaje), las distintas fases desarrolladas, hasta su puesta en escena, han sido un triunfo personal, y de grupo, por los objetivos alcanzados en cada una de ellas. El alumnado aprendió todo lo necesario para poner en funcionamiento una compañía artística, preparar una producción teatral y culminar el proceso con su exhibición ante el público.

Tantos meses de trabajo con ilusión, ensayos, aprendizaje y motivación, empeñados en esta iniciativa, tan bien planteada desde un principio, me llevaron a presenciar la obra en directo al Centro Dotacional de la JM de Arganzuela.

Los espectadores son recibidos ordenadamente por Arantza y Luis, relaciones públicas de la compañía. Explican que “el aforo es limitado. Gracias a nuestro blog (operadientedeleon.wordpress.com) las expectativas son muy buenas”. Hay tres funciones únicas previstas para que puedan acudir todos los familiares y amigos.

Los directores de producción, Ángela y Víctor, van controlando el acceso del público. Entregan un tríptico a cada persona. En él se encierra toda la filosofía de la obra, su proceso y su trama. Realizado a mano, con un dibujo de un diente de león (logo de la compañía) sobre una luna menguante, reza con firmeza un bonito ideal: “Te puedes sentir solo pero en algún lugar del mundo habrá alguien… que te vea, único como tú, que te quiera, que te ayude”. Sobre el cuerno inferior del quinto satélite más grande del sistema solar, el metafórico título de la ópera: “Sentimientos Atrapados”; una resumida aventura de lo que ha sido el proceso y la sinopsis, que me recuerda sutilmente el universo de “El Principito”.

En la patio de butacas unos murales muestran la evolución del trabajo de todo el año.

“¿Qué ocurriría si en un país de estatuas cayera un cometa?”

Se apagan las luces, Andrea, José y Diego, los iluminadores marcan el comienzo del espectáculo. Para aterrizar en el escenario, un astro, Marta M., camina por la platea, pasa por delante de la primera fila, donde el resto de componentes de la compañía presencian atentos a cualquier imprevisto que pueda surgir. Y al llegar a las tablas reflexiona solitaria a lo largo de un país de estatuas.

El guion bien elaborado por las guionistas, María, Isabel y Emma, va marcando la salida de los actores, Soleado (Pedro), Oscuro (Alejandro) y Neblina (Marta). Solo la Luna (Claudia) permanece constantemente en el escenario.

Definir la soledad como sentimiento parece fácil, pero no lo es. Ellos lo han conseguido empleando retóricamente la sinestesia. Con habilidad. Para ello han trabajado duro y por eso todos han salido reforzados. Como equipo han sido arropados en los momentos difíciles y ese trabajo en común ha cultivado muy positivamente sus estímulos, su personalidad, dejando una impronta que solo, con la distancia que marcan los años, saborearan con más cariño.

Detrás del escenario hubo, hasta llegar a este brillante día, muchas horas dedicadas para que todo saliese bien. Con tareas y compromisos que asumir, con la educación y responsabilidad como objetivo de grupo, rigor y disciplina como base del éxito, respeto y entrega por la labor bien planificada, gracias al elenco de profesionales, mujeres y hombres, que aunaron conocimientos para impulsar el proyecto.

Enseñaron a los figurinistas, Iván, Iratxe y Carolina a moverse en la oscuridad del escenario. A los escenógrafos Javier M., Javier C. y Rubén, a decorar con sus propios recursos, generados por pequeñas colectas a los largo del curso. A los músicos, Mateo, Carlos y Marcos, a elevar las notas musicales en los momentos precisos, apoyados por el violín de Iván. Horas de cavilación, quizás de insomnio en los días previos, de empuje, carisma y empaque son las que han tenido que infundir, todo el equipo educativo dedicado al proyecto, a estos chavales que han dejado a toda la platea aplaudiendo en pie.

No quisiera olvidarme de ninguno de los 25 magníficos miembros de la Compañía Diente de León, que llevaron tan cautelosamente a casa, cada día, el secreto de sus bitácoras, con sus anotaciones. Donde el papel jugado por todos, incluido el de Blanca, la regidora, ha sido crucial.

Un soplo de aliento ha pasado por el corazón de los espectadores, padres, abuelos, hermanos, amigos y maestros, en forma de pequeñas semillas pero tan grandes como el ejemplo que nos han dado. Enseñándonos que volar es posible, sobre todo, cuando se trata de atrapar sentimientos.

Fermín Caballero Bojart.

 

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