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A estas alturas de texto lo primero que se me ocurre es ir al diccionario de la RAE. Malsonante, vulgar y despectivo resulta el descendiente directo del latín cŭnnus, que no conus, que dicho sea de paso, las definiciones de la figura geométrica se aproximan algo más, por connotaciones metafóricas, al volcán de Venus.

De febrero, por loco, ni hablo.

Así, descifrado el título, avanzo algo más de mi interés por asociar el mes al adjetivo malsonante ya que, como tal, aparece en boca de algunas personas en el mismo lugar. Y no se trata, precisamente, de un lupanar con dos leones en la puerta.

Hoy, en un periódico, bajo la foto de unas personas que están en el Congreso de los Diputados, aparece entrecomillada la orden del Presidente de la citada cámara, que a continuación reproduzco: “Procedan a su expulsión, coño.” Así, tal cual, sin admiraciones.

Con admiraciones, como signos ortográficos, que no personales, apareció décadas atrás otra frase similar en boca de un guardia civil: “¡Se sienten, coño!”. Construcción esta, que si hubiese ido entre interrogaciones podría haber dado lugar a otras interpretaciones, sobre todo si el verbo sentar se lee o escucha como sentir. Ello quitaría a la palabra coño su burda acepción, devolviéndole su galón biológico, lo que le hubiera dado un aire más teatral a la escena. O romántico, porque con una pistola en la mano nunca se sabe.

Para no aburrirte más, lector, con este coñazo, voy a concluir con las palabras que Gaspar Salas recoge en su libro El coño de Don Camilo (2008, Espejo de Tinta):

La palabra coño la llevé yo, con la autoridad de Quevedo. La Academia siempre ha sido mucho más abierta de lo que la gente cree. Pero bueno, en todo caso, hay autoridades que no se pueden rebatir, tu verás, dime quién rebate a Quevedo y su ‘coño’…

Claro que esto último, dirán, nada tiene que ver con febrero, pero si con que el sustantivo coño fuese, por obra y gracia del premio nobel español, y con no menos esfuerzo, admitido por los académicos de la Real Academia de la Lengua en nuestro diccionario.

Fermín Caballero Bojart.

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